Durante años he estado en desacuerdo con muchas de las posturas que existen en el mundo de la Columbicultura. He lidiado contra aquellos que cruzaban sus palomas con otras razas. Me he malhumorado con aquellos que seleccionaban sus palomas solo para tratar de ganar en las exposiciones. He reñido y discutido con los que tenían un criterio equivocado en la selección de sus razas, (por ejemplo Granadinos “alaudinados”). He renegado de quienes hacían del mundo de la Columbicultura un negocio. Pero el otro día robando un rato de ocio a mis obligaciones y viendo volar al “Mistarraco” comencé a meditar sobre lo incorrecto que he estado durante tantos años.
Es el “Mistarraco” una “pápa”, es decir aquello que sale por la gracia de Dios y no por un trabajo de seleccion. Un día me regalaron una Pájara de Clase que no había por donde cogerla de fea que era, mal hecha en todo y además no volaba. Como era un regalo debía mantenerla y la eché en el palomar de los trastos donde la acolleré con otro “regalito” que me habían hecho, “La Veneno”, un Pájaro de Clase prieto en bayo más maricón que un palomo cojo. De “La Fea” y “La Veneno” salió un monstruo, un pichón horroroso, pero que volaba y además mucho, aunque con una belleza relativa. Para entonces mi martirio particular con los halcones ya había comenzado y tenía planeado dejar volando estas “cosillas” que iba criando para matar el gusanillo del vuelo y asegurar un poco más mis Granadinos con vuelos controlados. “El Horroroso” se acolleró con una quebrada zarandala y se dedicó a criar por un tubo, tanto es así que cuando me quise dar cuenta tenían un chorro de pichones que además se las arreglaban para escapar de las garras de los halcones. La quebrada zarandala la mataron las rapaces y “El Horroroso” tuvo relaciones con una hija, de esta unión incesta nació esta primavera “El Mistarraco”. Un azul limpio, erguido como un poste, con un cuello largo y vertical, arqueado cuan caballo cartujano, siempre contento, siempre volando con un remar en “reondo” rápido y potente, cuando va a casa del alemán (mi vecino) a por las zuritas. Pausado, majestuoso y lento cuando viene a la casa después del polvete encima de la chimenea. La cola como a mí gusta, totalmente abierta y vuelta. El pecho ancho y musculado cerrando un cuerpo corto donde el final de sus alas marca la longitud. Cuando lo observo siempre está haciendo algo que me gusta y emociona. Cuando miro para arriba lo veo en el cielo paseando esa belleza espectacular. Un bicho que me ha cambiado mi forma de ver esto de los palomos y que me ha devuelto las ganas de subir al palomar. Un palomo que solo yo podré disfrutar y a nadie poder enseñar, ¿Por que como comprenderá alguien mi emoción con él? ¿Cómo entenderán mis amigos que no es de ninguna raza? ¿Bajo que parámetro será juzgada su belleza? ¿A que exposición lo podría llevar?.
Son los actos del “Mistarraco” sentimientos para disfrutar en soledad, todo lo más para comentarle a algún amigo que también venga de vuelta de tantos prejuicios establecidos como se han implantado en la Columbicultura. Y es que creo que antes y desde siempre fue así, un palomero disfrutando en la azotea de un palomo sin más mediatizaciones que las suyas propias, compartiéndolas con amigos o vecinos para llegar juntos a fijar esas características, para que nosotros años después las convirtamos en raza y las modifiquemos con otros criterios de selección.
Desde el día que me metí en esto de criar palomas buchonas luche por seleccionarlas tratando de reducirles esa variabilidad genética que me impedía fijar tipos y que tanto me desesperaba en mi trabajo de llegar a un ideal. Por eso mientras yo luchaba contra esa variabilidad me iba acordando de las madres de quien metió “Carrieres” y demás “grajos” a nuestros palomos, que daño irreparable, me decía. Pero hoy, aunque todavía no estoy de acuerdo con ellos, los disculpo, me lo pase bien mientras trabajaba en depurar aquello que llegó a mis manos, hoy depurado, lo guardo ahí en el palomar, mientras veo volar a mi “Mistarraco”. Y es que el concepto Buchon Español lleva parejo unas aptitudes y unos comportamientos que solo aquellos palomos que posean una cierta variabilidad genética podrán demostrarlos. Cuando les reduzcamos esa variabilidad y los saquemos muy bonitos, serán eso, bonitos, pero no le pidamos que estén todo el día en el aire volando. No le pidamos que estando en celo vayan a por palomas. Y no le pidamos que sean ese palomo Buchon Español tan idealizado en nuestras fantasías, pero que en la realidad muy pocos son capaces de conseguir, porque cuando sale suele ser feo y el concepto belleza priva sobre cualquier otra faceta, pues no vivimos a los palomos desde una reflexión personal carente del beneplácito de otros, si no más bien al son de modas que después de seguirlas durante años un día nos damos cuenta que no nos han hecho felices. Pero tampoco esto es dramático, porque son ciclos personales que nos enriquecen. Ya estoy pensando como fijare las cualidades que me emocionan del “Mistarraco”, aunque me tirare mucho tiempo para ello, y si lo consigo, tendré muchos mistarraquillos, todos iguales, pero no tendrán ese alma que tiene él, porque los artistas solo nacen una vez y son irrepetibles, además estarán carentes de esa heterosis tan necesaria en esto de tener palomos con “cohones”, palomos de espectáculo para palomeros de palomar que no de salón.
Para mí criar palomos buchones es un arte y la suma expresión del artista es poder expresarse desde la libertad personal, hacer aquello que le dicte su conciencia, para mientras lo realiza pasarlo bien, sin que con ello perjudique a las razas o las personas implicadas en la Columbicultura. A estas alturas de mi vida como columbicultor en las que he superado casi todas las ilusiones que los demás buscan con ahínco, creo que cualquier postura es aceptable, mientras le permita a uno olvidar las miserias del mundo en ese paraíso llamado palomar al que todos recurrimos siempre que podemos.

Paco Hernando

Editorial Columba VIII