Sentado delante de este monitor que poco a poco se esta llevando para sí mi visión y mis fuerzas de niño grande, acompañado de la ansiedad que me produce el reto de escribir una editorial, mis ideas, aquello que pensé en mis ratos de insomnio, me han abandonado dejándome en la soledad e impotencia que produce la frustración. Y aunque pensé decir y contar tantas cosas, del porqué de Columba, de mis problemas con la revista, de su futuro incierto, de pedirle disculpas a aquellos que criticaron nuestro trabajo. Ahora ninguna de estas cuestiones las veo apropiadas, por ello recurro a mis recuerdos y a mi imaginación, haciendo un nuevo canto de gloria a ese maestro anónimo que un día me inventé, como aquel niño que inventó a ese amigo que jamás tuvo, gracias Pepillo por sacarme del apuro siempre que tengo que escribir algo.
Como de costumbre, hace ya muchos años, había acudido al palomar de mi maestro, Pepillo el Palomero, cargado con un cesto lleno de preguntas en mi memoria, pero al verme ante él, en ese paraíso sucio por las palomas, esas interrogantes que buscaban la sabiduría habían huido de mí. Y la situación, la admiración por aquellas buchonas y el respeto que me causaba aquel hombre, me hacían enmudecer. Hasta que por fin y conociéndome bien me dijo:
- ¿Y hoy que quieres saber?.
Me reconforte, sabiendo que podría escudriñar en el fondo de sus pensamientos con su beneplácito. Pero lo único que se me ocurrió fue:
- ¿Qué es lo que los palomeros quieren saber cuando vienen a buscar a un maestro como usted?.
- Imagina que estas sentado en tu palomar –dijo él- ¿Qué es lo que deseas de tus palomas?
Pensé un poco y respondí:
- Paz, la paz.
Pepillo esbozo una pequeña sonrisa y asintió con la cabeza.
- Paz. Tu te metes en el palomar y quieres conseguir la paz. Otro palomero pide una ayuda económica. Otros buscan sufragar sus miserias humanas a través de las palomas. Otros simple diversión. Otros notoriedad. Otros emocion.
Los palomeros quieren cosas diferentes, pero el mundo de las palomas es grande y pueda dar a cada uno lo que pide.
Le comente que ya había conocido a muchos palomeros y algunos parecían auténticos maestros, ¿Cómo sabré en quien confiar y de quien aprender?
- Cuando una persona intenta imponer su forma de pensar a alguien, no puede ser calificada de maestro –respondió Pepillo-.
Quien pide que le tengan confianza, no merece confianza.
Quien juzga tener la verdad, esta en el camino de la mentira.
- ¿Tu te acuerdas de cuando eras un niño e ibas a la escuela? Allí encontrabas maestros de física, historia, lengua, matemáticas. El aprendizaje en esto de las palomas se hace de la misma manera: varios palomeros te enseñaran diferentes cosas, colaboraran para que crezcas interiormente, pero será solo tu conciencia la que podrá colocar todo ese aprendizaje en orden y extraer de allí lo que te interese.
- El camino será de tu entera responsabilidad, tendrás que usar el corazón y la mente, la pasión y la inteligencia, en la misma proporción, y terminaras comprendiendo que estas dos fuerzas no son enemigas entre sí, si no las dos mejores aliadas para llegar a encontrar el camino de la verdad.
Y esta ha sido la razón de ser de Columba en estos seis números. Hemos intentado dar y reflejar aquello que supimos y encontramos, para que cada uno en unión de su corazón y mente sepa ponerlo en orden dentro de sí. Si logramos enseñar el comienzo del camino de la verdad, nos iremos de este mundo habiendo encontrado nuestra verdad, nuestra paz, y la sensación de fracaso económico, de rechazo a cuantas puertas llamamos, será enterrado por el gran triunfo del agradecimiento a todos aquellos a los que tuvimos la inmensa suerte de poder dirigirnos.
No sé si esta modesta revista de Columbicultura podrá seguir existiendo, pero por si no me es posible volver a dirigirme a vosotros, a aquellos pocos que confiaron en este palomero, gracias, muchas gracias a todos por vuestras muestras cariñosas de apoyo y aliento, este será mi tesoro que llevare en mi bagaje final, espero que la historia y sus moradores sean benignos con mi trabajo.

Paco Hernando

Editorial Columba VI