Un soñador como yo siempre anda metido en guerras, queriendo cambiar el mundo, hoy lucho contra la tristeza que produce la palabra despedida, pero por más que lo intento no lo consigo, me veo en la impotencia de no poder parar y tener que decir adiós a un tren que se lleva una parte importante de mi vida más reciente, dedicada en cuerpo y alma a hacer una revista de palomas llamada Columba que hoy con estas letras despido con pena y dolor. Porque ya no me será posible seguir editando Columba, pido perdón por ello a todos los que pueda decepcionar, a todos los que me han enviado trabajos que no serán publicados y a nuestros palomos buchones por tantas cosas que sobre ellos quedaron por decir.

Mi pasado son recuerdos de palomas volando en el Albaicin granadino. Mi memoria, hasta donde alcanza, siempre ve palomas buchonas llenas de trapio con genio y carácter. Mi nostalgia es mi primer palomo buchón, un rucio medalla que siempre tenia huevos en un lado, pichones en el otro y en sus pocos ratos libres, volaba sin parar escribiendo en las nubes poemas de emoción. Mi añoranza es una afición a las palomas de ir a “verlas volar”. Hoy pertenezco a una Columbicultura en la que mi identidad, aquella cultura que aprendí mirando al cielo, no tiene lugar.

Estas doce editoriales que tuve el honor de poder escribirles han sido relatadas con el sentimiento más profundo que pudo haber en mí, condicionado por mí pasado como palomero que me hizo ver mi presente de una manera critica. Así que espero me sepan disculpar aquellos que de una manera u otra se han sentido ofendidos a través de mis opiniones vertidas en las editoriales, porque cuando uno pone el sentimiento en algo, el raciocinio y la reflexión están como ausentes. Solo decir que mis intenciones desde el principio no fueron otras que dar todo lo que fui capaz con la intención de hacer mí pequeña aportación al mundo de la Columbicultura, en agradecimiento a lo mucho que el mundo de las palomas hizo por este humilde palomero.

Quiero pedir mis más sinceras disculpas por todos los fallos y errores, propios y ajenos, que hemos cometido en estas doce revistas y, aunque no existe la disculpa, diré que solo soy un palomero que salí de mí palomar un día con la osadía y la ilusión de hacer una revista, pero desconocía que la ilusión convierte al hombre en un iluso, ni tampoco sabia nada del mundo de las artes graficas, ni de edición, ni de dirección, ni de redacción, ni de maquetación, ni de fotografía, ni de todo ese compendio de profesiones que hacen que una revista salga a la luz. Tuve que ir aprendiendo conforme íbamos haciendo camino, y aunque tengo la fortuna de poseer el agradecimiento de muchos de vosotros, sé que lo podía haber hecho mucho mejor. Hoy ahuyento a los fantasmas que me interrogan martilleando mi alma, buscando alguna justificación y diciéndome que debo tener tranquilidad de conciencia con lo que hice, porque siempre me acompañó la mejor de las voluntades, y que la honestidad en el trabajo realizado fue la sombra que me persiguió en todos los actos realizados.

Es, en esta mi ultima editorial, mi deber dar las gracias a todos las personas que me hicieron el honor de suscribirse a esta revista de palomas. A todos aquellos amigos que desde el principio estuvieron a mi lado ayudándome y animándome. A todos aquellos que confiando en mí palabra me ayudaron económicamente contratando publicidad. A todos aquellos que con sus trabajos y colaboraciones hicieron posible poder editar numero tras numero. A todos aquellos que me abrieron las puertas de sus palomares. A todos aquellos que se preocuparon en difundir la revista. A todos los que nos hicieron llegar su agradecimiento. A todo el mundo por haber tenido la oportunidad y el honor de haber intentado hacer una revista sobre nuestros palomos, en especial y en representación de todos a Ana, a Rafael, a Joaquín, a Francis, y al otro Francis.

Para terminar deciros que sois un puñado de personas afortunadas, vosotros tenéis un motivo más para vivir cada día que el resto de los humanos, vosotros sois palomeros, esa pasión y esa ilusión que poséis, difícilmente la encontrarán los demás, utilizarlas para criar palomas que sean algo más que simples envoltorios de plumas con almas vacías. No permitid nunca que el pesimismo venza al optimismo, por mucho que conozcáis la realidad columbicultora y como dice Diego Torres, pintar cada día vuestro palomar de color esperanza y sed felices con vuestras palomas, es mi deseo para con vosotros.

Quédense con lo bueno que haya podido tener esta pequeña obra y olvídense del autor.

Gracias y hasta siempre amigos.

Paco Hernando

Editorial Columba XII