Hace
poco tiempo he quitado mis mensajeras, esas mensajeras que herede
hace muchos años de Manolo Conejo, aquel amigo mensajerista
que prefirió vendérmelas a mí, para que ningún
otro mensajerista se pudiera beneficiar del trabajo de toda su vida,
poco antes de morir.
Hace poco tiempo por cuarenta duros la pieza, alguien se ha llevado
la historia de Manolo Conejo, alguien se ha llevado a mis rojos recesivos,
a mis blancos, a los amarillos, a los gavinos, a los zarandados, y
a todos esos mensajeros de colores únicos que Manolo me cedió,
para que yo los utilizara como madres adoptivas de unos buchones incapaces
de criar a sus propios hijos. Y me ha dado pena, no sé si Manolo
aprobaría que haya hecho esto, me siento como si lo traicionara,
pero he de emprender un nuevo viaje como columbicultor que me exige
ir ligero de equipaje, quiero desembarazarme de la limitación
que nos supone la subjetividad de la interpretación de los
estándares, que ya me va pesando mucho. Porque para mí
el orden de prioridades a la hora de seleccionar a mis palomas, esta
regido por ese estándar no escrito que subyace en todo buen
palomero, que no esta recogido ni reflejado con letras en el estándar
y se da el caso curioso que cuando más trato de limitarme solo
a los aspectos fenotípicos del estándar, más
me alejo de mis otras prioridades como son el vuelo, el carácter
y los cuerpos. Y es que hemos optado desde el principio por el camino
más fácil, el de seguir al pie de la letra los conceptos
que se detallan en los estándares, olvidándonos, que
ello solo es para especificar como es y debe ser fenotípicamente
una raza, pero siempre después de cumplir con aquella funcionalidad
mínima exigible a cualquier palomo buchón español.
Y es que yo puedo, porque no tengo que rendir cuentas a nadie, no
tengo nada que explicar a la dictadura del que dirán, no tengo
compromiso con la adicción a vender palomos, no tengo obligación
de demostrar a nadie que mis palomos son buenos. Porque ¿Qué
es un palomo bueno? No carezco de la fuerza para vivir mis palomos
en soledad, sin tener que ser un escaparate en el que todo el mundo
opine de la mercancía expuesta. No tengo necesidad de buscar
la falsa gloria impuesta con los triunfos de las exposiciones. Por
todo ello soy libre como columbicultor, no tengo obligaciones sociales
y quiero dejar de ser un palomero limitado a unos pocos conceptos
estéticos, para pasar a ser un palomero más amplio,
más rustico, más como antes, pasar a ser un mal palomero
para los tiempos que corren, pero es que yo soy libre y escojo el
rumbo que quiero seguir.
A veces uno lleva un camino porque no conoce otro que seguir, con
esto de la revista, he tenido que profundizar en otros mundos hasta
ahora desconocidos para mí, he abierto mi horizonte, he analizado
otras aficiones, que me han ayudado a enriquecer mi postura personal
en cuanto a esto de tener palomos buchones. Las aficiones a las diferentes
razas suelen ser sociedades cerradas que más que avanzar en
el camino, dan vueltas alrededor de unos pocos conceptos implantados
dentro de su afición que les hacen ser círculos cada
vez mas conservadores y estancados, con el resultado negativo para
sus palomos que cada vez están más conseguidos fenotípicamente,
pero más degenerados en cuanto a salud y carácter, más
alejados de la filosofía de lo que es criar unas razas de palomas
nacidas y seleccionadas desde antaño por su trabajo y funcionalidad.
Y es que a lo largo de estos años siguiendo una política
implantada por el mundo de las exposiciones, que han llevado a la
degeneración a nuestras razas, nos hemos convertido en palomeros
de pamplinitas, cada vez esto se va convirtiendo en una afición
más melindrosa, cada vez más escrupulosa, los palomos
los vamos seleccionando por el capricho de moda y nos olvidamos de
seleccionarlos porque sean lo que deben ser, primero palomos de trabajo
en su concepción más global, y después si se
quiere búsquenle la tonteriíta aquella que han oído
a algún criador famoso por sus triunfos en una exposición,
pero no cambien los conceptos de selección, no confundan lo
que debe ser un buchón español con un palomo de fantasía,
porque el camino es erróneo y en la meta final esta escrita
la palabra fracaso.
Por eso hoy he quitado mis mensajeras, a partir de ahora criare solo
con aquellos palomos que sean capaces de criar a pico y el que no
pueda se quedara en el camino, por muchos “detallitos de estándar”
acumulados que tenga, no me interesara como reproductor, quiero meter
de nuevo en mis palomos aquella rusticidad tan necesaria en la raza
como la propia supervivencia. Y es que si esta política se
hubiese llevado desde un principio, mucha gente no hubiera dejado
de criar determinadas razas por el problema de los embuchamientos.
Así que después de haber visitados tantos palomares.
Después de haber analizado en profundidad a todas las razas
existentes. Después de haber visto muchísimas copas
y poco vuelo. Muchísimo palomo encerrado, enfermo, sin vida,
sin carácter y sin alma. Muchísimo palomero que desconoce
que es un Buchón Español. Este año criare con
mis Granadinos, mis Jiennenses y mis Quebrados a pico, porque estoy
deseando quedarme con pocos palomos que sirvan, pero con los pocos
que queden, yo, La Chiqui y Thayson, mis perros que siempre me acompañan,
a menudo en la azotea haremos orgías de felicidad y emoción
mirando al cielo.
Paco
Hernando